Scary Movie
Una película que trajo de vuelta a una franquicia entrañable
O el arte de defender la cosa con la cosa misma
Le dieron a la familia Wayans una nueva oportunidad para revivir su franquicia estrella luego de varios años de ausencia. Para el tipo de dinero que les permitieron usar, creo que se encerraron en pocas cosas, algunas incluso moribundas y repetitivas, y no explotaron su potencial como lo hicieron antes: todo un lugar común de la crítica.
Sin embargo, creo que no todo terminó en la pila de lo perdido, pues lograron usar el espacio del guion para hacer uno o varios statements sobre sí mismos. Habrían caído casi como una excusa si no fuera por lo graciosos que resultaron y, con eso, sacaron adelante el metraje a partir de colocar varios cuadros cómicos, uno tras otro, con contenido que se parodiaba a sí mismo y permitía que sus propias decisiones cuestionables quedaran expuestas bajo la óptica del buen humor. Como ver televisión americana de sábado por la noche; no es queja.
Creo que se aferraron a lo que nos hizo felices cuando vimos las primeras dos partes y quisieron conservar ese momento, incluso después de todos estos años. Lamentablemente, varias de esas adaptaciones se quedaron cortas y causaron algo de cringe (sin ponernos demasiado críticos). Aunque, por otro lado, se debe decir sin tapujos que es, obviamente, una cinta divertida y blindada contra toda crítica «seria» porque, además de todo, es consciente de sí misma y por eso logra defenderse de antemano con su propio discurso autolesivo.
Mediante la técnica milenaria de decir «soy esto» de forma certera, sincera y concreta, desactiva toda clase de crítica o juicio en su contra. Así logra ponerse un escudo que apenas deja espacio para mencionar lo entretenida que resulta. Hace de todo, pero recubierto de humor y chistes simples: bromas visuales, running gags, referencias a las cintas pasadas y nuevas parodias hechas a partir del esquema probado, aunque mal añejado. Al final, es lo que se espera de esta franquicia y lo que uno obtiene por ver una sexta parte de algo.
Es entretenimiento asegurado, sin duda: ofrece una que otra risa, en especial para el humor milenial, y sirve como una forma de regodearse en la nostalgia. Como ellos mismos reconocen, si ya no quedan ideas nuevas, entonces no tiene nada de malo revisitar las viejas, siempre y cuando se haga de forma ligera y sin expectativas para que la experiencia siga siendo divertida.