Bugonia
Una película que ofrece demasiada técnica al servicio de un guión impostor.
El cine de Lanthimos es reconocido, desde hace varias cintas, como uno de autor. Para sobreponerme a la obviedad que acabo de escribir quiero aclarar que con eso me refiero a la simple (y quizá hasta simplista) visión de que el cine de autor se diferencia de los cines comerciales, de género, o el conocido como “cine de estudio”, en el sentido de que vemos una cinta opinionada, llena de destellos artísticos tanto en la técnica de producción como en la técnica actoral y, en consecuencia, una obra que potencialmente divide opiniones porque no está hecha para satisfacer a nadie y, sin embargo, encuentra un nicho de seguidores (empezando por los fanáticos de Lanhimos por default) que la van a apreciar bastante.
No leí el cartel, nada más me metí a la sala de cine y me eché la película. Siempre supe que ella era Emma Stone, por su inconfundible físico y su energía actoral que entrega en cualquier papel que le toque; por otro lado, me tomó hasta los créditos finales para confirmar mis sospechas de que Teddy lo interpretó Jesse Plemons, un actor que me gusta mucho pero que honestamente lo identificaba con un físico pasado, distinto. No lo reconocí sino hasta el final pero eso no importó en lo absoluto: su despliegue actoral, aunado a la interpretación de Emma, fue una sinergia absoluta, entretenida y convincente. Hay muchas culpas que se le pueden echar a la historia, con énfasis en todos esos resbalones del guión hacia lo caricaturesco, pero ninguna de esa culpa se pueda extrapolar al delivery que estos dos actores entregan en este largometraje (o sea, Emma tiene dos premios Oscar, de qué estamos hablando) porque sus papeles quedaron chicos para los rangos que los dos son capaces de, y que de hecho entregan. Una nominación para alguno, seguro; un premio para Plemons, altamente probable.
Otro de los rasgos más sobresalientes de esta cinta es su fotografía: un hermoso rodaje hecho en celuloide de treintaicinco milímetros puestos de forma horizontal dentro de una cámara VistaVision que ofrece unos planos expuestos de forma cuidadosa y de un tamaño y resolución muy cercano a los 70mm. Basta con recordar que el “formato” VistaVision (que es más bien una tecnología) es el precursor de la cinta IMAX. Si bien esta es una tecnología relativamente “viejita”, pues existe desde los años cincuenta, es ahora que vive un repunte de popularidad entre cineastas que buscan el feeling insuperable del formato clásico pero con resoluciones competitivas, contrastes profesionales y de mayor rango dinámico y, en general, un look particular de high fidelity. Una chulada de colores verdosos, saturaciones que te hacen ver borroso en ocasiones y composiciones exquisitas que explotan el formato y sus proporciones muy altas. Es, probablemente, su mejor atributo, y hay que agradecer al fotógrafo y el director por sus observancias en estas formas tan delicadas y exquisitas. Terminan siendo un manjar visual y una veta riquísima de curiosidades para el entusiasta de la fotografía.
Si no fuera una adaptación de otra película ya existente esta historia cabría perfectamente en la obra y el universo creativo de Lanthimos como si la hubiera escrito él mismo, pues su vibra general encaja perfectamente con el cinismo y humor negro del director. Esta resulta ser una historia que se presta perfectamente para el delivery de sus líneas como le gusta a Yorgos, un poco a la “deadpan”, un rasgo que termina por generar una tensión bien justificada cuando, ya entregados los personajes y sus arcos, con sus puntos de vista y sus finalidades, no terminas por encontrar a quién le quieres hacer caso o con cuál de los dos bandos estás más de acuerdo. Desde mi perspectiva, yo me identifico más con las razones que motivaron a Teddy, pero lamentablemente su raciocinio se vio afectado por factores externos y sus métodos se volvieron poco ortodoxos por decir lo menos. Esa comparativa que se vuelve elección difícil es la dinámica que mantiene interesante toda la película porque apenas crees que uno u otro te ganó con sus argumentos, la cinta se acaba. Es, al final de cuentas, una excelente película. Muy entretenida y mucho mejor disfrutada en la pantalla más grande posible.