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Sala 02 · Opinión

Being John Malkovich

Una película que estrena la carrera superlativa de un guionista y de un director

Póster de Being John Malkovich
  • Año1999
  • DirecciónSpike Jonze
  • Duración1 h 53 min
  • PaísEstados Unidos
  • IdiomaInglés
  • Calificación5/5

El director

Todavía no me recupero por completo de la tremenda sacudida que me dio el revisitar esta obra. Recuerdo que la primera y única vez que la había visto fue hace varios años, en la cumbre de mi curiosidad cinematográfica, y en esa ocasión le presté la menguante atención que se le puede pedir a un adolescente que buscaba, debo admitir con un dejo de culpa, el check-mark en la lista y poco más. Es decir que antes, cuando veía cine durante mi periodo de descubrimiento del amplio espectro artístico que ofrecen las películas, muchas veces pasé por encima de varias cintas con la única intención de echarles un ojo y luego poder decir que ya la vi.

El caso de Being John Malkovich no fue diferente en esa ocasión, y recuerdo que verla en ese momento únicamente respondía a un impulso emocionado por haber descubierto el cine de Spike Jonze luego de conocerlo como un creativo involucrado en Jackass y como quien dirigió el mejor video musical (de entre tantos otros que luego tuve la suerte de repasar) que hasta ese momento yo había visto: la presentación en vivo de Arcade Fire en los YouTube Music Awards del 2013 interpretando Afterlife, con una encantadora Greta Gerwig ejecutando una coreografía de baile super linda y Jonze proponiendo un plano secuencia que para mí fue impresionante en su ejecución.

Desde ese momento supe que Jonze era el tipo de creativo cuya obra le llamaba directamente a mi gusto. Solo sabía, hasta ese momento, que Jonze había traído a la realidad de las imágenes un cuarteto de filmes que encapsulaban sentimientos complejos de manera discreta, poco ornamental, casi al estilo crudo de los videos para skate con los que comenzó. Una cámara rodando, un formato crudo y una imagen íntima y acogedora. Si bien no había analizado de dónde viene todo ese contenido emocional, y a veces hasta filosófico, sí había descansado en la sensibilidad de saber que ahí, en su obra, había algo que me llamaba.

Sentí de inmediato que conocer su obra cinematográfica era una misión para mí, así que ni tardo ni perezoso me hice de las cuatro cintas que hasta ahora ha dirigido y me regalé el visionado completo, aunque debo admitir que lo hice con una indulgencia casi irresponsable: mirándolas por encima, más dispuesto a tacharlas de una lista que a dejarme “transformar” por ellas. Hice un visionado superficial de todas excepto de Her, la que para mí era la mejor cinta de Jonze; una impresión que no envejeció nada bien y que últimamente se tuvo que corregir al repasar su obra esencial, como la película que nos ocupa. Es por eso que ahora, con los ojos descansados y un juicio renovado, tuve el acierto de revisitar Being John Malkovich primero en la lista con la pausa y la contemplación que merece, lo que me llevó a redefinir de una sola exhibición el cine que me fascina en un nivel espiritual.

Pocas veces una ópera prima resulta tan positiva, tan trascendental y tan definitiva en la carrera de un creador. Esta es, tratándose de largometrajes en toda regla, la ópera prima no solo de Spike Jonze, sino también de (entra) Charlie Kaufman, el genio guionista que, yo todavía no lo sabía cuando vi Being John Malkovich, se convertiría en mi artista favorito de la vida. Toda una inspiración creativa y el sujeto que, ya se verá en el siguiente Ciclo, configura más de una misión analítica a lo largo de mi historia.

El escritor

Pero hablar de Being John Malkovich no requiere centrarnos únicamente en su director. Esta es el tipo de obra que brilla por la combinación de dos talentos incomparables que resultan increíbles en su choque o combinación. Para comprender una buena parte de la génesis en la brillantez de esta cinta es imprescindible prestar atención, ya no solo al estilo “crudo y realista” que Jonze sabe bien retratar en sus filmes, sino al tratamiento de las palabras, las ideas, y la traducción a escenas y diálogos de las emociones humanas más nucleares de nuestra experiencia que se logra con el guión de la cinta.

Charlie Kaufman es un escritor diferente, iluminado, capaz de convertir la experiencia humana y su cúmulo de emociones internas en un despliegue de acciones y enunciaciones que retratan y transmiten esa emoción a quien la observa de una forma infalible. Para ilustrar ese modo iluminado del que hablo basta con recordar la destreza con la que se contiene en la historia una representación exacta del deseo como “erótica del control”, o una de el fracaso casi sistémico que se siente muy dentro cuando éste nos habita. O el rechazo, la emoción humana de “no ser elegido”.

Además, si uno extiende la lectura de los lugares humanos que Kaufman diestramente traduce a escenas de cine, deben tener mención honorífica las formas tan exactas con las que explora; como el lugar donde ser reconocido es mejor que ser amado, o ese donde el deseo es lo mismo que el control. Incluso uno se vuelve espectador de disyuntivas muy humanas, como la paradoja de no soportar quién es uno y el deseo irreprimible de convertir la intimidad en espectáculo. Todos estos son temas que Kaufman toma entre sus manos, sacándolos de su experiencia humana, y se los imprime a sus personajes de forma exquisita.

Uno debe observar, ya no solo la elección de explorar y habitar esas emociones en el ámbito artístico, sino la destreza para convertirlas en el guión de una historia que, cuando se lleva a consecución de la mano de otro talento cinematográfico como su director, se convierten en una representación tan exacta y bien tratada de las personas y sus personajes, que consigue la meta última del cine y, para el caso, de toda creación artística: conmover. Y si bien es cierto que eso sucede con esta obra, no quiero afirmar que 1) la misión de toda arte sea solamente la de conmover al espectador ni que 2) conmover es lo único que logra Being John Malkovich.

Sin embargo, esta cinta tiene, además de esa característica importantísima en toda creación artística, el crédito agregado de ser creativa, atrevida, filosófica y sorprendente en el aspecto de la productividad. Es una sorpresa tras otra que nos prepara hasta el final del metraje, llevándonos a un paseo emocional muy entretenido que se configura como un hito de la creación cinematográfica explorativa, contemplativa y de autor. Esta es una historia de antología y, sin miedo a sonar pretencioso ni petulante, yo la nominaría a título histórico en la lista de los grandes del cine. Es el inicio en la carrera de mi escritor favorito y no por poco, pues sus aciertos y virtudes siguen dando de dónde estudiarla y admirarla todos estos años después.

Escrito por Miguel Bracamontes el